Documento sin título
 

 

Primera Misa del Padre Matías Pavón de la Virgen del Pilar Sch.P.
Compartimos con alegría la primera Celebración Eucarística del sacerdote escolapio recientemente ordenado.
La misa es un anticipo de la Gloria futura. Este fue un pedacito de Cielo. Bendecimos a Dios por la vida del P. Matías. Cuánta bendición brotará de sus manos ungidas. A rezar todos por su perseverancia y santidad.
Compartimos las palabras de la primera homilía y algunas fotos de la celebración.


Homilía en la Primera Misa del P. Matías Pavón de la Virgen del Pilar (12/10/2015)

La misión evangelizadora del Apóstol Santiago estaba pasando por un momento de oscuridad y agotamiento. Es duro llevar un anuncio que salva y no encontrar una acogida favorable.
La Visita de María en el Pilar, junto al río Ebro, en Zaragoza, es un signo claro del consuelo que Dios envía a sus elegidos.
María, presente en el momento de la prueba, para sostener el empeño del apóstol. María, afirmada sobre un Pilar, una columna…
Todo edificio se desmorona si no cuenta con una columna firme que lo sostenga. Y ahí está María, recordando al Apóstol Santiago cuál es la verdadera columna sobre la que afirmarnos. La Columna, el Pilar, es Jesucristo. María Santísima nos lleva siempre a Él.
El Pilar puede también volvérsenos como un hito: un punto que nos señala el rumbo, que nos muestra la meta, que dirige nuestros pasos. Y así María va acompañando el caminar de la Iglesia Peregrina con sus apariciones que terminan siendo firmes pilares que sostienen nuestro andar.
Esta verdad general se vuelve misterio personal cuando consideramos que la Virgen del Pilar ha estado presente, señalando importantes hitos en la vida del P. Matías. En esta Capilla de la Virgen del Pilar, el P. Matías recibió un día, con la presencia de María cual nuevo Pentecostés, la Confirmación. También aquí, junto a María, como en un nuevo Cenáculo, el P. Matías recibió a Jesús Sacramentado en la Primera Comunión. En este ámbito llegó a nuestro Padre Matías el desafío de hacerse como Jesús a la manera de Calasanz.
Aquí conoció al Señor, aquí tomó la decisión de entregarse a Él por entero. La Madre del Pilar acompañó años fundamentales de tu vida como escolapio. La presencia y ayuda de María te hizo portador de la alegría en esta comunidad, te desafió a pasar el umbral del pasillo de la secundaria para acompañar a los jóvenes, te sostuvo, con amor maternal en el momento de la duda y de la prueba, mostrándote la luz y el camino seguro.
Cada vez que tu vida se dejó sostener por el Pilar que es Cristo, te has vuelto fuente de vida y bendición para los hermanos y los pequeños. La Madre del Pilar es fuente de solidez vocacional en tu historia, tu presente y tu futuro.
Haber recibido la ordenación sacerdotal en la víspera de su fiesta y celebrar la primera Misa en el marco de su recuerdo litúrgico, es mucho más que un simple detalle: es María, nuestra Madre, que se hace presente nuevamente en esta hora fundante de la vida del P. Matías, para recordarnos lo que enseñó en Caná: “Hagan lo que Él les diga”.
Queremos, con María, adentrarnos apenas en el misterio enorme que celebramos y contemplar cómo ella se vuelve Madre y Maestra mara mostrarnos la riqueza del sacerdocio escolapio.
Al escuchar en el Evangelio que un ángel fue enviado a una Virgen, recordamos que has recibido un anuncio. Un día, el mundo común y ordinario de tu adolescencia y juventud, se vio sacudido por un anuncio desconcertante y novedoso que hoy es bueno recordar.
Y este es el primer rasgo del sacerdocio escolapio que hoy meditamos: El sacerdocio escolapio es genuina obra de Dios. Él llama, Él sostiene nuestra libre respuesta, Él nos da los medios para ser eficaces cooperadores de la Verdad.
El don recibido se vuelve en tu vida urgencia de anuncio. Serás, en la rutina cotidiana de la escuela entre los niños y jóvenes el portador de un mensaje de salvación y de perfecta alegría.
El sacerdocio recibido te asimila notablemente a la imagen de María como Arca de la Nueva Alianza. En tu corazón sacerdotal, en tus manos, tus palabras, en tu vida toda, planta el Señor su Morada
Un segundo rasgo del sacerdocio escolapio que quisiéramos hacer presente hoy: El sacerdote escolapio es portador de la gracia. Llevamos en nosotros un tesoro que no nos pertenece y que está llamado a distribuirse. Dios nos llama a enriquecer con toda virtud a los niños y jóvenes con un tesoro que hemos encontrado y nos ha llevado a dejarlo todo para poseerlo. Y, paradoja cristiana, aprendemos que la perfecta alegría radica en la entrega cotidiana, generosa, sin medida del tesoro que hemos recibido. Lo has visto en ejemplo de tantos escolapios mayores que hoy celebran en el Cielo el don de tu sacerdocio.
Parafraseando a Marechal, decimos, si hallándote rico buscaran tu dinero dirás “es mi moneda la Sangre del Cordero”.
El Santo Sacrificio de Cristo perpetuado en el sacerdocio recibido será la moneda con que rescatarás de la esclavitud de la ignorancia y el pecado a una multitud de cautivos que, por tu práctica ministerial se volverán hijos en el Hijo amado.
Ante tan grande don, nuestro corazón se desconcierta. Con María pronunciarás más de una vez aquél “¿Cómo puede ser esto?” que evidencia la desproporción entre el don recibido y la capacidad del que lo recibe.
Por tu servicio sacerdotal, Dios plantará su Morada entre nosotros. El misterio de la encarnación nos permite llegar a la audacia de considerar este rasgo del sacerdocio escolapio que se hará presente en tu vida: el poder del Altísimo nos ha cubierto con su sombre y el Espíritu Santo hace su obra en nosotros.
¿Cómo puede ser esto? La maravillada perplejidad de María, al contemplar la desmesura del don y la pequeñez de la sierva, se hará presente en muchas ocasiones. Nos lo enseña nuestro Santo Padre Calasanz cuando nos recuerda que un buen principio de la vida espiritual es el propio conocimiento, miseria y los dones recibidos de Dios.
Confiamos plenamente que la presencia de la Virgen en tu sacerdocio escolapio no permitirá que se paralice tu entrega ante la perplejidad de tu indignidad comprobada. El desconcierto ante la grandeza del don se vuelve en María camino para vivirlo con gratitud y alegría, para así entregarlo como un canal que transporta constante el agua de Vida. Que ese mismo desconcierto sea en tu vida fuente de alegría y gratitud continua por el don recibido.
“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Con el don del sacerdocio, Dios ha llevado a admirable concreción esta promesa del ángel, esta vez en tu propia vida.
Mientras más afirmado estés en el misterio de tu vocación personal, en el ser portador, con tu vida, del mandato apostólico “Estén siempre alegres”; mientras te mantengas ahí como en tu quicio, serás instrumento de Dios para la salvación de muchos.
A la luz del don recibido hoy reconocemos con conmovida gratitud que tu alegría, tu cercanía, hasta tus más jocosas “irrupciones”, son un toque de Dios que nos visita en medio de la noche de la soledad y la tristeza.
El Señor te conceda una vida según el Espíritu para que puedas seguir conociendo la doctrina verdadera y el modo de transmitirla. El don de tu misterio personal, enaltecido inconmensurablemente por el don más alto del sacerdocio te impone el deber primero de practicar el modo de vida escolapio para que misión educadora tenga autoridad y, sobre todo, eficacia.
María, Reina de las Escuelas Pías, bajo la advocación de la Virgen del Pilar se vuelve para nosotros lección perenne de lo que se espera en un sacerdote escolapio.
La Palabra de Dios es viva y eficaz, fecunda la tierra, no baja a ella y vuelve al Cielo sin haber realizado su obra salvadora. Pero Dios no olvida nuestra libertad, el llamado a cooperar con su obra
“María dijo entonces: yo soy la servidora del Señor, hágase en mí según tu palabra”
El sacerdocio escolapio es un sí confiado a la llamada de Dios. Conscientes de nuestra pequeñez, le damos lo mejor que tenemos: nuestro ser, para que Él haga su obra en nosotros.
No temas, querido Padre Matías, en abrazarte al sí de María y pronunciarlo de todo corazón. Esa es nuestra mayor riqueza: siendo sus pobres nos hacemos hijos de la Madre de Dios.
Que tu sí fresco, generoso, juvenil, alegre y entregado brille en el cotidiano trajín de tu vida escolapia. Que con María puedas renovar tu sí cuando llegue la hora en que el Maestro te asociará a su cruz. Que tu sí sea fuente de vida y bendición para los que estén cerca de ti. Tu vida es una bendición para nosotros.
Tu alegría, tu responsabilidad, tu celo apostólico y espíritu de servicio. La gozada y siempre renovada vocación por la enseñanza; el nunca perdido deseo de una vida más pobre y entregada; el anhelo de ser todo de Cristo al modo de Calasanz. Lo Mejor de vos mismo dará un toque brillante al don del sacerdocio escolapio que nuestro buen Padre Dios puso en tus manos y corazón.
En esta casa, junto a la Virgen del Pilar, aprendiste a ser hijo. Por la bendición del sacerdocio serás padre de una muchedumbre.
Deseo de tus hermanos es que vivas siempre confiado en la promesa de Dios: Él te llama a ser santo, al convocarte a ser escolapio y sacerdote. Serás Santo sacerdote escolapio para la eternidad. Amén.
Vínculo: https://plus.google.com/101191892051860369323/posts/c6Ex2noBgmd
Fecha: 14/10/2015
portada - galeriaf