Historia de Vinod
Vinod ha vivido durante años muy cerca de la entrada de nuestra casa
Vinod ha vivido durante años muy cerca de la entrada de nuestra casa, al costado de la carretera, debajo de un plástico de color azul.
A lo largo de todos estos años ha sobrevivido monzones, tormentas, tórridos veranos, vientos … siempre debajo del plástico. A veces, cuando llovía torrencialmente por días y el lugar se inundaba, buscaba refugio en el porche de una oficina pública cercana.
No sé la edad que tendrá. Quizás 17 años. Pero no tiene un desarrollo físico acorde a la edad. Años de desnutrición han dejado su marca. Ahora cursa Noveno Grado en la escuela del pueblo.
De niño, la madre abandonó la familia, Quedó al cuidado de su padre, un pordiosero, borrachín empedernido, que sobrevivía recogiendo botellas, cartones y basuras.
Hace unos cinco años le propusimos al padre enviar a Vinod a un orfanato donde le darían educación, comida y alojamiento gratuito. A pesar de que el lugar era muy cercano, no quiso que el hijo estuviese lejos de él. Era lo único que tenía en el mundo.
Durante años el padre ha cuidado de Vinod, y Vinod ha cuidado de su padre, especialmente cuando frecuentemente estaba borracho.

Hace tres meses Vinod apareció un día por casa pidiendo ayuda. Ya anteriormente, con diversos motivos, había venido. Pero ahora la situación era distinta. En una riña su padre había sido gravemente herido en la cabeza y otras partes del cuerpo. Cuando él había vuelto al plástico, ser había encontrado a su padre herido, inconsciente, casi desangrado. De alguna manera consiguió llevarlo al hospital. Ahora venía a pedir ayuda. Durante mes y medio estuvimos visitándolo en el hospital, comprando comida y medicinas, hasta que su padre se recuperó. Las heridas sanaron, pero los golpes en la cabeza le habían dejado sin uso de razón. No reconocía ni a su hijo y su conducta se tornaba violenta. Los doctores decidieron internarlo en un establecimiento psiquiátrico del Gobierno.
Y Vinod quedó solo, en su carpa de plástico.

Al principio empezó a venir a casa a comer y a estudiar a la tarde. Después le ofrecimos que se quedase. Ahora es uno más en el Seminario. Colabora como todos en las pequeñas tareas de la casa, avisa cuando sale y saluda cuando vuelve de la escuela. En Navidades hubo también regalos para él.

Solo que Vinod no es seminarista. Ni siquiera es cristiano. Vinod es hinduista. Pero su presencia ha enriquecido la vida del seminario.

Su integración, natural y espontánea, a las actividades de la casa es un testimonio de amor, de misericordia sin paternalismos, de respeto de la fe de los demás y de aceptación del plan de salvación de Dios Padre sobre todos nosotros. Aunque este designio salvador de Dios tome, a veces, caminos extraños.

Se me olvidaba decir algo. Desde hace tres días Vinod lleva al cuello un cordón con una pequeña cruz que seguramente alguien le ha regalado. Me parece intuir que no es simplemente un adorno.

Antonio Marco, escolapio
india